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EUROPA Y SU (IR)RESPONSABILIDAD CON AFGANISTÁN

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Por B. Bécares

Hace un año que los Talibanes se hicieron con el gobierno de Afganistán tras años de incursión (desastrosa) de Estados Unidos y de países miembros de la Unión Europea. A día de hoy, hay miles y miles de personas afganas atrapadas frente a unas fronteras de la Unión Europea cerradas para ellas. 

A pesar del peligro que supone vivir en Afganistán y del derecho que las personas tienen a la vida, a la libertad y a la seguridad, Europa ha cerrado las puertas con violencia a las personas que escapan del terror. No solo ahora, sino siempre. Afganistán tampoco era seguro antes de 2021. 

Foto de un mural con dibujos realizados por personas en movimiento en Šid (Serbia)/por Anne

A menudo reportamos sobre casos de devoluciones en caliente, llevadas a cabo por la policía, desde países de la Unión Europea como Rumanía, Croacia o Hungría hacia los países vecinos, donde las víctimas de estas irregularidades son nacidas en Afganistán. 

Muchas de estas personas cuando las encontramos en países vecinos a la Unión Europea como Bosnia o como Serbia nos cuentan cómo fueron estas devoluciones. En muchísimas ocasiones, en demasiadas ocasiones, vienen acompañadas de violencia. Y en sus cuerpos se ven las marcas que deja un golpe de porra o una patada.

Muchas de estas personas afganas nos comentan que pidieron asilo cuando estaban en territorio europeo. Un derecho que tienen. Un derecho que la UE tiene que respetar por ley. Las autoridades europeas, en vez de comenzar un proceso para analizar este asilo, lo que hacen, día a día, es devolver a las personas, echarlas de la UE. Y con violencia. 

Hace 5 años y medio, cuando No Name Kitchen se creó de forma espontánea, encontramos que había más de 1.000 personas, en su gran mayoría afganas y muchas menores, malviviendo en una antigua estación de tren de Belgrado, en invierno y con temperaturas de -20º  frente a unas fronteras de la Unión Europea cerradas para ellos. 

En las últimas semanas, hemos publicado como un niño menor de edad afgano acabó con su pierna rota en una de estas devoluciones por parte de la policía. Una historia de muchas, de la rutina en la frontera. Da igual lo que se repita que nunca pararemos de denunciar y nunca dejará de indignarnos el terror del régimen fronterizo de la UE. 

Aunque los talibanes hayan retomado al poder hace ahora un año, la inmensa mayoría de estas personas que llevamos conociendo desde 2017 nos cuenta que, precisamente, venían escapando de esos talibanes que nunca dejaron de tener poder en su país, porque la incursión de las fuerzas internacionales no llegó nunca a controlar esto. 

De hecho la mayoría de personas de Afganistán que conocemos vienen de los mismos lugares: provincias como Kunduz, Kunar, Nangarhar, Kandahar, Logar o su capital, Kabul. Son lugares donde la presencia talibán siempre ha sido muy fuerte y sus residentes son los que más escapan del país. 

El perfil de las personas que escapan y que nosotros hemos conocido también se repite mucho. Muchas nos cuentan cómo alguien de la familia estaba trabajando para organismos internacional o junto a personas extranjeras (incluso, ser taxista y llevar de un lugar a otro a funcionarios europeos o estadounidenses puede ser un peligro) o en el Parlamento, y eso le supuso una amenaza por parte de los grupos talibanes u otros grupos terroristas. 

Otros son chicos muy jóvenes, muchas veces niños, que viajan solos porque sus familias temen que por su edad sean reclutados por estos talibanes o por otros grupos terroristas similares que pululan por el país. A falta de dinero para salvar a toda la familia, lo que deciden los padres y madres es salvar al niño en edad de ser reclutado. 

Estos viajes migratorios, largos y violentos, a falta de vías seguras para moverse, son muy caros. Por lo que mucha gente nos cuenta, han pagado grandes cantidades de dinero a traficantes para poder salir de su país y cruzar fronteras. 

En una situación tan peligrosa para las vidas de las personas, lo que hemos podido ver gracias a nuestra presencia constante en terreno es que los derechos de las personas afganas nunca se han respetado, que las fronteras siempre se han mantenido cerradas. Hay personas nacidas en Afganistán que han pasado 3 y 4 años en este tránsito migratorio que han sido víctimas de decenas y hasta centenares de devoluciones desde algún país de la Unión Europea.

Hemos conocido a familias afganas que después de cerca de 2 años en Grecia a la espera de una respuesta a su petición de asilo recibieron una respuesta negativa y que, por miedo a una devolución a Turquía y de ahí a su país de origen (algo que pasa), tuvieron que seguir el camino hacia el norte con las fronteras cerradas. 

Familias que nos cuentan cómo han tenido que gastar cientos o miles de euros en la frontera que separa Grecia de Albania, dónde se ubican las fuerzas de Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) que mantienen esa frontera cerrada. Familias con bebés y niñas y niños pequeños a quienes, a veces, conocemos luego en Serbia o en Bosnia y nos cuentan que han tenido que poner sus vidas en manos de traficantes de personas, a pesar de estar en Europa, para poder sortear este escollo y seguir hacia el norte para llegar a otro país de la Unión Europea donde tener la oportunidad de volver a pedir un asilo y una protección que salve sus vidas.

Os podemos hablar de S. una niña que, cuando tenía 8 años, estaba sin pelo por el estrés que le causaba llevar más de 2 años junto con su familia atrapada tras una frontera europea sin poder acceder a la escuela. Ella, tan lista e inquieta, solo quería seguir estudiando y le estresaba, con 8 años de vida, estar perdiendo años de su vida sin recibir formación.

Os podemos hablar de Q. Una niña que durante dos años de su vida estuvo separada de su madre. En algún momento en el que estaban cruzando Hungría, la policía descubrió el coche en el que iba Q., su padre y su hermano y los devolvió a Serbia ilegalmente. El otro coche, donde iba la madre con otras personas, se libró de los controles y llegó a un lugar seguro. La madre pidió asilo en Francia. Para reunirse con su madre, Q. y su hermano y su padre sólo podían cruzar las fronteras de forma irregular a escondidas. Esta Europa inhumana no ofreció alternativas para permitir a esta niña reunirse con su madre.

Algo parecido le pasó a N. una niña afgana de etnia hazara (las personas hazara han sido objetivo de los talibanes siempre) que, cada vez que veía a una persona europea en Bosnia, donde ella estaba atrapada, malviviendo en una tienda de campaña, se le acercaba para decir: “por favor, llévame con mi madre, está en Alemania”.  

Os podemos hablar de A. un chico de ahora 26 años que lleva sin ver a su familia desde que tiene 20. Tras 3 años atrapado en la frontera,  llegó a España en 2019. Allí pidió asilo hace más de 3 años y medio ahora y dónde aún está a la espera de poder recibir una respuesta a su situación. A pesar de estar trabajando y cotizando, a pesar de hablar perfectamente el idioma. Sigue en un limbo legal.  Él trabajaba en el Parlamento Europeo y los talibanes lo amenazaron de muerte por estar “con los enemigos”. Tiene documentos y fotografías que demuestran todo esto y que desde el primer día el presentó ante las autoridades españolas

Os podemos hablar de M. que cuando tenía 8 años estaba solo en Serbia. Era de una región donde la presencia talibán era muy fuerte en 2016 y sus padres decidieron que la mejor manera de salvar su vida sería mandarlo a Alemania a encontrarse allí con su hermano. A pesar de tener a su hermano en Alemania, la Unión Europea no le ofreció nunca vías legales y seguras para poder ir en un simple avión y tuvo que pasar años en tránsito. Solo. 

Lo conocimos en un campo de refugiados oficial (pagado por la Unión Europea) de personas adultas porque las autoridades habían decidido que él podía vivir con hombres adultos. ¿Dónde estaban las organizaciones encargadas del cuidado de los niños refugiados? No sabemos responder dónde están aunque esta no es la primera vez que vemos este tipo de aberraciones.

Hace un año enviamos información a autoridades de España y de Alemania de personas que se encuentran en peligro de muerte en Afganistán para pedir que les permitan escapar. No hemos recibido respuesta. 

Al igual que las personas que ya están en las puertas de Europa tras jugarse la vida, no reciben más que maltratos y devoluciones ilegales. 

A pesar de esto, a pesar de haber visto tantas irregularidades, no dejaremos de cejar en el empeño de pedir vías legales y seguras para las personas que quieren escapar del terror. Y esperemos que quienes leen esto, tampoco dejen de indignarse.